Portal de Parque Chas: "estamos haciendo historia"
Buenos Aires, Argentina /
Fecha de Publicación:09/10/09 Fuente: Gentilleza PERIÓDICO EL BARRIO

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EN LA SEDE DRAGO DEL CBC, QUE CUMPLIRÁ 25 AÑOS, SE FABRICABAN LOS CHICLES ADAMS

De la menta a la mente

En el edificio ubicado en Holmberg y Roosevelt se elaboraron, durante casi cuarenta años, los célebres chiclets Adams. Tras el cierre de la planta, la Ciudad de Buenos aires otorgó el predio a la UBA y desde 1985 es una de las quince sedes donde se cursa el Ciclo Básico Común. Una ex empleada de la compañía de golosinas y el histórico ex director del claustro universitario brindan detalles de la metamorfosis del inmueble.




Por Alan Levy
alevy@periodicoelbarrio.com.ar


En el edificio ubicado en Holmberg 2614 funciona desde 1985 la sede del Ciclo Básico Común llamada Leónidas Anastasi, popularmente conocida como “Drago” dada su cercanía con la estación homónima del ex Ferrocarril Mitre. Pero esto no siempre fue así: durante casi 40 años funcionó allí la Compañía de Chicle Adams, que mudada a Escobar tras el fallido proyecto de la Autopista Central (AU3) cerró definitivamente sus puertas a comienzos de este siglo.

El Barrio quiso indagar un poco más en la historia de este lugar, que aún hoy es recordado con nostalgia por quienes allí trabajaron o vivían alrededor de su perímetro. Todos destacan un detalle de forma unánime: el hipnótico e intenso aroma a menta que emanó la planta durante décadas. La idea también fue reconstruir el pasaje de fábrica de chicles a claustro universitario y cómo este último se consolidó como un eslabón importante para la comunidad de Villa Urquiza, Coghlan y zonas aledañas.

Refrescando la mente

Tras la convocatoria lanzada por este periódico en el número de agosto, obtuvimos el valioso testimonio de Elena Hernández, una vecina de Villa Urquiza que trabajó como operaria en la cadena de montaje de la fábrica de chiclets Adams entre 1956 y 1961, año en que se retiró para dedicarse a su familia (algo bastante habitual en aquella época). Uno de los aspectos que más sorprende son las palabras que utiliza para describir el espíritu y la mística que envolvían a este ámbito laboral, sólo comparable a la fantasía del film Charlie y la fábrica de chocolate.

“Desde muy chica vivo a tres cuadras de la fábrica. Siempre escuchaba hablar de que era una muy buena empresa y yo soñaba con trabajar allí. De hecho, estuve esperando algunos años hasta ser mayor de edad. Cuando tuve 19 años llegó la tan ansiada oportunidad. El Gerente de la empresa todos los días ‘caminaba la fábrica’ y nosotros lo vivíamos como una grata visita. Con los jefes también teníamos un trato cordial y respetuoso; dos veces al día nos preparaban un refrigerio y los salarios eran más altos de lo que correspondía según el convenio. La verdad es que existía la camaradería y se trabajaba en un muy buen clima, en todos sus sentidos. ¡Trabajé tan lindo! El trato era excelente y la gente agradable. Tengo muy gratos recuerdos de Adams y cada tanto sueño que estoy frente a mi máquina haciendo lo que hacía. Luego me despierto feliz”, cuenta Elena.

Sin duda alguna, esto sintetiza la visión de toda una época: una suerte de versión argentina del Estado de Bienestar. Un modelo económico producto de un estadio menos salvaje del capitalismo, donde todavía se respetaban algunas conquistas sociales importantes, especialmente aquellas ligadas al ámbito laboral. Pero además de estas variantes debemos mencionar algunas otras que tienen que ver con el trato menos mediatizado, más personal y más humano que el que impera hoy día, donde se reducen cada vez más las instancias de interacción real entre los empleados. Elena trabajaba como vendedora en el Centro, pero ya venía con planes de obtener un puesto en Adams. Más allá de la clarísima conveniencia de trabajar cerca del hogar, tenía el dato de muchas vecinas y amigas que trabajaban allí que le comentaban el buen clima laboral que se vivía. Afirma que las operarias eran todas mujeres y que los únicos hombres eran los mecánicos y los elaboradores del chicle, dado que tenían que desempeñar tareas que requerían esfuerzos físicos considerables.

La ex empleada nos cuenta cómo era la vida dentro la fábrica y también cuáles eran los productos de aquel entonces: “El 12 de marzo de 1956, jamás lo olvidaré, fue el día que comencé a trabajar en ese lugar soñado. Me asignaron el puesto de maquinista de la envasadora de las cajitas que contenían dos unidades. Además debíamos tener el conocimiento de todas las tareas de la sección. Yo tenía que cargar los chicles y seguirle el ritmo a la máquina. Eran tandas de cinco paquetes de dos. Nosotros registrábamos en planillas toda la producción. Se hacían chicles de menta y de tutti-frutti. Luego se lanzaron unos con sabor a guinda, pero no tuvieron mucho éxito. Finalmente, se hacía una especie de pastillita diminuta llamada Sen Sen, que básicamente servía para mejorar el aliento. Trabajábamos de 9 a 12 y de 14 a 18. Muchos se quedaban a almorzar, pero como yo vivía cerca iba a comer a casa”.

Adiós a las golosinas

El edificio donde funcionó la fábrica de chicles Adams data de 1942. Se trata de una estructura racionalista que presenta claros signos art decó, figuras geométricas y planas En la PB se ubicaban las oficinas, en el primer piso se envasaba y en el segundo se elaboraba el producto. Tiene una estructura de 2.800 metros cuadrados de hormigón. Mas allá de que la construcción es sólida, no es menos cierto que estaba pensada para una fábrica y no para una sede universitaria. Se hicieron enormes modificaciones, entre ellas el retiro de calderas en desuso, artefactos oxidados y la construcción de las aulas.

Jorge Ferronato, actual director del CBC y director de la Sede Drago durante 23 años, recuerda: “Estos eran inmensos pabellones que se cerraron y se hicieron aulas. ¡La resolución que nos otorgaba el edificio se firmó en octubre de 1984 y en marzo del año siguiente empezaron las clases! En muy poco tiempo hubo que reconstruir esa vieja fábrica de chicles y transformarla en un ámbito universitario”. El académico considera que el inmueble fue pensado desde un paradigma de la época: “Es típico de la década del 40, cuando la Argentina todavía podía darse el lujo de hacer edificios de estas dimensiones para una fábrica de chicles. Era la Argentina que Félix Luna llamó opulenta, que todavía disponía de bienes para invertir tanto en la actividad privada como en la pública. Este edificio, sin dudas, está bien construido. A pesar de las modificaciones que hicimos, conserva gran parte de sus características originales”.

Los fantasmas de aquella factoría no se han ido del todo. Basta escuchar lo que nos cuenta Ferronato a modo de anécdota: “Los electricistas aún hoy nos comentan, y esto lo he podido comprobar yo mismo, que todavía perdura el olor a la menta de los chicles. Es algo increíble, después de tantos años...”. Parecería que el destino de las fábricas es convertirse en claustros universitarios. Lo que ha ocurrido con el caso de Drago, lejos de ser una excepción, parece ser ley en el marco de la Universidad de Buenos Aires. Tan es así que la sede de Ciencias Sociales ubicada en la calle Ramos Mejía era una fábrica de cigarrillos, la de Marcelo T. de Alvear es una ex maternidad y la nueva sede de Sociales de Constitución se trata de una ex fábrica de galletitas. Factorías recicladas devenidas aulas. ¿Se trata siempre de un problema presupuestario o también es la falta de un plan integral para construir sitios nuevos y adecuados para la educación universitaria? Jorge Ferronato nos da una idea más amplia acerca de los motivos por los cuales, en distintos momentos, se adquirieron y reciclaron edificios.

“La última gran innovación de la UBA ha sido el CBC. Anteriormente lo había sido Ciudad Universitaria, donde se construyeron los pabellones de Ciencias Exactas y Arquitectura. Pero esto fue a fines de los 50 y principios de los 60, se plasmó durante el gobierno del Dr. Arturo Illia. Luego vino Onganía y todo lo conocido, empezando por la Noche de los Bastones Largos. Ahí se frenó todo: grandes científicos se fueron del país (uno de ellos Premio Nobel) y no volvieron más. Con el retorno democrático volvimos a tener problemas presupuestarios enormes: a gatas le alcanzó al Consejo Superior para pagar los sueldos de los docentes. El tema presupuestario corroe y erosiona. Los sueldos hoy por hoy están bastante mejor que en otras épocas: un adjunto con dedicación semiexclusiva cobra 3.000 pesos, lo cual no es que sea suficiente pero hasta hace poco apenas si superaba los 800 pesos”.

Templo del saber

Ferronato nos cuenta cómo nace la sede a la par del nacimiento del CBC. Explica que en 1984 el rector normalizador Francisco Delich desarrolló un proyecto de ingreso directo a la Universidad a partir de la creación del CBC. Tras convencer al ministro de Educación Carlos Alconada y al presidente Raúl Alfonsín surgió el proyecto del Ciclo Básico Común como primer año para todas las carreras. Menciona Ferronato los objetivos del CBC: “Uno tiene que ver con la eliminación de los exámenes de ingreso. Hasta ese entonces, accedía un 20 por ciento de aquellos que se presentaban. Eran exámenes muy arbitrarios y el alumno un desconocido. El segundo es que los alumnos puedan empezar a hacer vida de ciudadano universitario. Dentro de ese esquema, es central la posibilidad de cambiar de carrera si lo desean: el 28 por ciento de los alumnos cambia de carrera en ese momento. El tercero es la nivelación: los resultados de la Ley Federal de Educación, dictadas durante el gobierno de Carlos Menem, fueron nefastos. Hasta hace muy poco observábamos con estupor que los alumnos de los últimos años del secundario venían a la universidad con un grado elevado de analfabetismo”.

Lo primero que hace nuestro entrevistado es contextualizar el momento en que la UBA adquirió el edificio. El traslado de la Compañía de Chicle Adams se dio a partir de un faraónico proyecto de fines de la década del 70, no concretado: el plan de autopistas de la Ciudad de Buenos Aires. De las ocho autopistas previstas solamente se concretaron la Perito Moreno y la 25 de Mayo, inauguradas el 6 de diciembre de 1980, cuyo costo de 730 millones de dólares fue financiado con la deuda externa avalada por el Tesoro Nacional. El ex director de la sede puntualiza: “Durante la última dictadura militar el intendente era el brigadier Osvaldo Cacciatore. A él se le ocurrió hacer entre Saavedra, Coghlan y Belgrano R la famosa Autopista 3. En realidad fue un proyecto alocado porque exigió la expropiación de miles de propiedades. Muchas se demolieron pero, como luego no se hizo la obra, otras fueron usurpadas por vecinos que no tenían vivienda. Uno de estos edificios, propiedad de la Municipalidad, fue cedido en forma permanente a la Universidad de Buenos Aires”.

La metamorfosis que atravesó el edificio marcó, sin duda alguna, el fin de la era más oscura de la historia argentina y acompañó el despertar de la sociedad civil. La democracia volvía con un aire esperanzador, donde emergían la actividad artística y el debate de ideas.

-Imaginamos que el CBC y la Sede Drago han acompañado el proceso de recuperación de la democracia...

-Por supuesto. Luego de siete años de dictadura, la democracia fue vivida por la sociedad argentina con mucha alegría y compromiso. La Universidad de Buenos Aires no fue ajena: dentro del CBC se dio este clima de libertad, de debate, de análisis, de mirada crítica, de nuevas teorías. Se vivió con mucha fuerza. Hubo camadas de alumnos que salieron de esta ex fábrica de chicles y que ahora cumplen roles importantísimos. El actual Secretario General de la UBA, el Dr. Carlos Mas Vélez, fue alumno de Drago y además es vecino del barrio. El secretario académico de la Facultad de Derecho, Gonzalo Alvarez, fue alumno nuestro también. Sin ir más lejos, en 1985 abrimos esta sede con el actual senador nacional Daniel Filmus, que es profesor titular de Sociología y sigue dando clases. Con él y un grupo considerable de docentes armamos un grupo que se preocupó por implementar distintas técnicas para que los jóvenes pudieran sortear mejor la enorme brecha existente entre la escuela media y la Universidad. En Drago juntábamos en un foro a docentes de escuelas medias y universitarios. Fueron diez jornadas durante diez años consecutivos, un congreso donde se hicieron talleres interdisciplinarios con el fin de analizar la problemática del pasaje de la escuela a la Universidad. En muchas oportunidades los alumnos participaron: ha sido un éxito total. En este marco incluso brindó una conferencia Ernesto Sabato. También por estas aulas pasaron Natalio Botana, Félix Luna y Clorindo Testa, entre otros. Trajimos gente de primer nivel para que nos iluminara y nos mostrara el camino. También se hicieron actividades relacionadas con el plan Cultura para todos. Por suerte, nunca hubo problemas con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Siempre existió una muy buena relación, especialmente con las áreas educativa y cultural.

-¿Cómo se ha desarrollado la militancia política en la sede de Drago?

-Es una pregunta interesante. Las primeras camadas de jóvenes tenían una gran impronta libertaria y romántica, utópica. Entre 1986 y 1987 hubo una fuertísima impronta del Partido Intransigente. Realmente fue importante, se notaba su presencia. Pero desapareció de un día para otro. Sí hubo un muy fuerte crecimiento en los 90 de las izquierdas más duras, por ejemplo el MST de Vilma Ripoll o el Partido Obrero de Jorge Altamira. El peronismo no tuvo prácticamente presencia en la UBA y los radicales están divididos en distintos grupos. Franja Morada dejó de existir, al menos en el CBC, hace unos cinco años. La mayor fuerza política actual es el Partido Obrero. Hoy no son tan utópicos, son más pragmáticos. No hay grandes proyectos sino que se persiguen cosas puntuales, más bien gremiales.

Le consultamos a Ferronato por qué considera que se ha cuestionado tanto al CBC y si ha cumplido con sus objetivos. Muy seriamente afirma que es lógico que haya sido cuestionado, especialmente durante el menemismo. “Uno veía títulos catástrofe que decían ‘Se acabó el CBC’, pero el Ministro de Educación era dueño de una universidad privada. El Ciclo Básico Común contaba con 100.000 alumnos, potenciales alumnos privados. En el intento de erosionar a este sistema hay un interés clarísimo de carácter corporativo. El CBC ha cumplido más que suficientemente sus objetivos. Por sus aulas han pasado más de dos millones de alumnos. Muchos de ellos continuaron con sus estudios, otros no. Pero las dos, tres, cuatro o cinco materias que cursaron acá les sirvieron para aprender. Si uno tiene incorporadas seis materias de la UBA tiene mejores conocimientos y perspectivas que aquellos que no las tienen”, define Ferronato.

Relación con la comunidad

El Director del Ciclo Básico Común habla con mucho cariño de Coghlan y destaca una serie de particularidades que tienen que ver con su mística y su dinámica: “En principio, es un barrio muy lindo. Como dijimos antes, hay un grupo importante de vecinos que ocupó las viviendas. Toda esta gente se ha comunicado con nosotros de diversas maneras y ha participado de distintas actividades. Muchos de estos chicos han venido a estudiar a Drago. Sin ir más lejos, la Asamblea de Coghlan se reúne acá dos veces al año. Hacen conferencias barriales y económicas: están especializados en ese tema. Nos piden aulas y traen economistas. Drago también se ha convertido en referente barrial en el sentido de que, al albergar cerca de 10.000 alumnos, han nacido un sinnúmero de comercios, bares y kioscos en la órbita de la facultad. Este es un barrio más bien cerrado. Está ubicado en medio de dos vías que se cruzan de forma longitudinal. Esta sede le cambió un poco la filosofía a la zona porque le metió diez mil alumnos que van, vienen y le dan dinamismo”.

El ex director de la sede -en la actualidad está al frente Silvia Lorena Rodríguez- menciona una serie de ventajas relativas del claustro académico. Destaca especialmente su ubicación: “No es lo mismo -y esto lo lamento, pero es así- una facultad ubicada en Coghlan, Villa Urquiza o Saavedra que una sede que recibe chicos de Villa Soldati o Pompeya. Nosotros tenemos un porcentaje de retención y aprobación mayor que el resto de las sedes de la UBA. No significa que sea sólo por los colegios de procedencia, pero tiene influencia. Drago cuenta con la ventaja de estar en un barrio tranquilo, sin grandes conflictos como podría haber en otros lados: no hay ruidos ni caos vehicular. Las clases se desarrollan en un clima diferente del hacinamiento que podría haber en otras sedes”.

Otras de las cualidades de Drago tiene que ver con el aprovechamiento de sus espacios, que están en perfectas condiciones; una excepción en el marco de la UBA. Ferronato amplía: “La Sede Leónidas Anastasi tiene un laboratorio hermoso, que está impecable, y una biblioteca muy importante al servicio de la comunidad. Para 2010 pretendemos construir cinco aulas, dos de ellas especialmente orientadas a lo multimedia. Queremos pasar de 8.800 a 10.800 alumnos”.

De fábrica de chicle a templo del saber, el viejo edificio de Adams ha dejado una huella y un aroma indelebles en la comunidad barrial.

Pinchada por la globalización

Adams fue una de las empresas más tradicionales del sector de golosinas en todo el planeta. Su fundador, Thomas Adams, popularizó el chicle a fines del siglo diecinueve. En febrero de 1871, este fotógrafo e inventor estadounidense vendió los primeros Chiclets en el Estado de Nueva Jersey.

A fines de 2000, Adams dejó de fabricar golosinas en la Argentina, donde operaba desde el 29 de noviembre 1937. Hasta fines de la década del 70 lo hizo en el edificio de Holmberg y Franklin Roosevelt, Villa Urquiza, cuando se mudó a Escobar. Tras la decisión de cerrar esa planta, pasó a importar todos sus productos. En 1999, Warner Lambert -la compañía dueña de Adams a nivel mundial y la principal productora de chicles- decidió cerrar algunas plantas para concentrar la producción “en los centros de mayor desarrollo tecnológico”.

Los Chiclets, producto insignia de la compañía, ya no se fabricaban aquí desde 1997. A fines de 2002 el gigante británico de los chocolates y de los refrescos Cadbury acordó la compra de Adams por 4.200 millones de dólares.





 


 








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