A la memoria de Don Roberto Barreiro
Buenos Aires, Argentina /
 
Testimonios

Los vecinos cuentan sus historias


Parque Chas se caracterizó por ser un barrio de inmigrantes, que llegados de distintas partes del mundo, vinieron a construir "sú, lugar en el mundo". Muchos de ellos escaparon del hambre y la falta de trabajo en sus países de origen, tal el caso de Salomón Pripstein que llegó a la Argentina procedente de Polonia. ParqueChasWeb entrevistó a su hija Raquel, quien compartió con nosotros algunos de sus recuerdos de su infancia en Parque Chas y quien aún vive en la misma casa (ahora modificada) que levantó con mucho sacrificio su padre, quien además fue uno de los miembros fundadores de la Escuela Israelita de Parque Chas de la que Raquel fue alumna y docente.



Sus Padres


"Mi papá, Salomón, llega a la Argentina a los 17 años en el buque Atlanta procedente del puerto de Trieste el 17-1-1922. Nació en Polonia en un pueblo llamado "Baranovich", ahora es Bielorrusia, y que era cerca de Minsk.
Cuando llegó se hospedó en el Hotel de Inmigrantes hasta que consiguió su primer trabajo.
Mi mama, catalina, nació en el mismo pueblo que mi papá. Llega a la Argentina el 13-1-1926 en el buque Asturias desde Chesburgo.
Fue esperada en el puerto por mi papá y otros conocidos de su pueblo y fue a vivir directamente a la casa de un matrimonio amigo y empezó a trabajar en la fabrica "Mu-Mu" envolviendo caramelos hasta que se caso.

Eligieron la Argentina ya que por las cartas de sus compatriotas recibían noticias de la amplitud y posibilidades para la inmigración ya que ellos se iban por el antisemitismo, persecuciones, e imposibilidades de conseguir trabajo.
El primer trabajo de mi papá se lo dio un paisano suyo que era dueño de una marroquinería y había llegado unos años antes, y luego por un aviso en el diario entro a trabajar en un negocio de confecciones de ropa de damas y colegiales en la calle Alsina 1132, la firma se llamaba Cosemar. Trabajaba en la sección de empaque. Allí estuvo hasta que se jubilo luego de 35 años sin faltar un solo día, por lo que le dieron una medalla de oro que yo guardo con amor. Mis padres se casaron el 28-7-1928.

Primero vivían en una pieza con cocina y baño compartidos en una casa chorizo de la época en el barrio de once, donde nació mi hermano Federico, que vive en Israel, y yo.
Siempre soñaban con el techo propio y averiguando se enteraron de Parque Chas, que era "muy lejos" con terreno de relleno donde había una cancha y un horno de ladrillos, pero muy barato y para ellos con cuotas accesibles, por supuesto basado en privaciones.
Primero alquilaron en 1936 una pieza en la calle triunvirato frente a la panadería la reina, mientras construyeron desde los cimientos aquí su verdadero hogar, muy humilde al principio, del que los despedimos para descansar en paz.
Así como lucharon para vivir y construir siempre decían que el día de su muerte los velaríamos entre estas paredes.
Aquí nos criamos y crecimos.
Hicimos algunas modificaciones edilicias.
Aquí sigo viviendo desde que me casé. Mi marido se llama Salomón, tenemos dos excelentes hijas, Juana y Ruth y cuatro buenísimos nietos Uriel, Jenny, Matías y Ariel que son nuestros 4 copos de azúcar y miel.


Recuerdos de la Infancia

Un zueco

No sé bien el origen de este calzado. si sé que era el único que mi mamá tenia para ponerse.
Como base para el pie eran de madera y su capellada de hule generalmente negro o marrón.

Eran eternos, y por ello tan aceptados por aquellas inmigrantes rusas, italianas, polacas y españolas que vivian en Parque Chas allá por 1936.
No habia con que comprar otro tipo de calzado, este era barato y multiuso: para dias de lluvia, para lavar el patio, para caminar por las calles de tierra.
No habia alternativa, la cuota del terreno, el diario sustento, los gastos para los niños eran sus prioridades.

Recuerdo como si fuera hoy en un dia de lluvia mi mamá fue a hacer las compras al mercado de Triunvirato y La Pampa, hoy convertido en una torre habitacional. El camino mas corto era por la calle La Internacional hoy Benjamin Victorica, era de tierra.

Al cruzar por Cádiz se le atascó en el barro un zueco, por mas que tironeaba con el pie no lograba desencajarlo, quedo absorvido como una sopapa. Veia con horror como se cubria con agua y barro. Por favor susurro!! Se agacho y tironeo con las dos manos. El zueco se salvo!!!!! Era su único calzado.

Se que mis padres, pioneros en el Parque Chas, tironearon con sus manos toda la vida para ganarse el pan dignamente y nos dejaron su ejemplo y buen nombre.
Yo vivo en la misma casa que ellos construyeron desde los cimientos.



El Tranvía obrero

Mi papá, el que nos enseño que la palabra era un documento, mejor que una firma y la rubrica un apretón de manos!
Mi papá trabajaba duramente, sin mediar esfuerzos ni contar las horas con una meta, que sus hijos lleguen a ser "algo", lo que el no pudo sin darse cuenta que el que llego realmente a "algo" fue él, que llego casi un niño a este bendito país, como decía, solito se abrió camino con trabajo y honradez.
El recuerdo de mi papá me lleva a otra historia de este querido Parque Chas.

Como medio de transporte teníamos algunos colectivos chicos y el tranvía Lacroze. Este con muchas ventajas sobre los primeros.
Eran más grandes, tenían un vasto recorrido y muy accesible al presupuesto con una bonificación extra: el boleto combinación con el subte de chacarita por tan solo 15 centavos y el tranvía obrero por 5 centavos. Eso si el "obrero" que venia desde villa úrica pasaba solo hasta las 5:30 de la mañana, si lo perdías los que seguían ya costaba 10 centavos.
Tan importantes eran esos 5 centavos de diferencia que los trabajadores del barrio salían hasta una hora, o más, antes de sus casas, la diferencia equivalía al pan o la leche del día.
Triunvirato y pampa hervía de seres callados apiñados para tomar el obrero. Seguramente un poco somnolientos.
En invierno era realmente duro.
El Lacroze con sus asientos de madera nos llevaba por toda la ciudad.
El amable motorman que manejaba, así lo llamaban en lugar de conductor, y el guarda que daba los boletos a quienes se podía confiar a su cuidado un paquete o valija!!!
Que paseos aquellos desde Triunvirato y Pampa hasta el balneario municipal en la costanera sur donde esta ahora la reserva ecológica
Salud! Tranvía nº 7 y 90 que merecen un capitulo aparte.


"La fiesta de las ranas"

Así la llamábamos todos los chicos que formábamos la barrita de Avalos y berlín, que era toda de tierra. Avalos estaba asfaltada.
Pero para nosotros Berlín tenia algo de fascinante y único:
Las grandes zanjas que corrían a ambos lados y recibían las aguas de las casas que no tenían cloacas. Las llamábamos el "agua podrida".
Estaban rodeadas de una vegetación siempre verde, altos pastos y unas plantas de hojas redondas y de un verde muy intenso pero eso no era lo especial, sino los sapos y las ranas que tenían allí sus cuevas.
Era fabuloso porque se agregaba la belleza que otorgaban los huevos de estos batracios que en grandes racimos color rosa colgaban de los yuyos de los zanjones.
Después de alguna lluvia aparecían por todos lados, los sapos y las ranas que no es lo mismo, porque para el banquete necesitábamos las ranas.
Había un entendido en la materia, el negro, el hijo de doña margarita, el sabia cual era la diferencia y era, además, el matarife.
En una noche de abundancia nos reuníamos para el ritual.
No olvidemos que eran tiempos de casas abiertas sin llave y veredas donde todos los niños salíamos a jugar aun tarde en la noche, especialmente en verano.
Bueno, el negro traía la tabla de picar de su mama y una cuchilla, y allí nomás empezaba la caza, selección y faenamiento, mientras otros preparaban el fuego y la parrilla.
Era una fiesta, todos comían el manjar recién asado con pan flauta y tomate.
Lastima que yo nunca pude llevarme un trozo a la boca, me daba asco, pero les decía que era inapetente.


Tardecitas de Agronomía:

Eran muy esperadas por mi amiga Lea y por mí.
Nuestras mamas nos daban una bolsita de tela blanca de confección casera para juntar allí los frutos de los eucaliptos en forma de pirámide truncada, aromáticos y color verde grisáceo.
Ellas como buenas "idishes mames" preparaban las viandas para la merienda que debía ser sustanciosa pero económica.
Nada de sándwich con fiambre, era perjudicial para la salud y el bolsillo.
Tomaban el pan flauta, que los de mi generación recordaran bien, de cada pan salían tres porciones que llenaban con unas albóndigas chatas, fritas y de sabor delicioso.
Para mí son las precursoras de las hamburguesas pero mucho más nutritivas y la infaltable botella de té con limón que llegaba tibio.
En la agronomía, que nosotras desconocíamos que era una facultad, disfrutábamos de la hermosa arboleda.
También nos atraía visitar un corral con gallinas blancas batatazas y de otros colores, que había hacia un costado, todo un espectáculo.
Nuestras madres se sentaban sobre las enormes raíces de un ombú, que por razones de seguridad ahora quedo dentro de un perímetro alambrado.
Nosotras no parábamos hasta llenar las bolsitas con los frutos de los eucaliptos, mientras nos aconsejaban las mamas:
"respiren hondo que limpia los pulmones"
Por otro lado nuestro trabajo tenia un objetivo: hervirlas en agua durante el invierno dentro del dormitorio para desinfectar el ambiente.
Creo que todavía tenemos mucho que rescatar de la sabiduría de la medicina casera.


La Fogata de San Pablo y San Pedro

Preparar este acontecimiento no era poca cosa. Llevaba su tiempo.
Una actividad entusiasta en la que todos participaban.
Primero conseguir las ramas, muchas ramas, pero eso sí, sin destruir los árboles. Nuestros padres no lo hubieran permitido.
Como ya estábamos en invierno era fácil distinguir que ramas se podían cortar.
Todas las tardes, devuelta del colegio, merendábamos rápido y salíamos a "trabajar".
Rama tras rama se apilaban en la esquina con prolijidad y paciencia lográbamos una montaña enorme.
Después había que preparar el muñeco protagonista principal del evento.
Una enorme pelota de papel se revestía con una media vieja, esa era la cabeza, el cuerpo consistía en una bolsa de arpillera rellena con trapos hasta alcanzar un buen volumen. Se cosían ambas partes.
Era un trabajo de equipo.
En la tarde del 29 de junio se armaba la gran fogarata, así la llamábamos.
Todos arrastraban las ramas que se apilaban en forma de pirámide y en la punta lucia el muñeco. todos admirábamos nuestra obra, pero faltaba lo mejor.
Prender la fogata y llegar a quemar el muñeco.
Además todos colaboraban con papas y batatas que se usaban para el final del festejo.
Prender el fuego y admirar como se elevaban las chispas era un espectáculo difícilmente igualado a ningún fuego de artificio.
Allí estaban todos, grandes y chicos, todos!
El sabor ahumado de las papas y batatas no puede ser imitado por ningún chef.
Hubo muchas fogatas pero el progreso nos borro de un soplo la ilusión de aquellas lenguas de fuego.


Julio 2004


Raquel en el frente de su casa en Parque Chas






El papá de Raquel, Salomón Pripstein fue uno de los fundadores de la Escuela Israelita de Parque Chas, hoy cerrada.


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