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Buenos Aires, Argentina /
Fecha de Publicación:03/07/09  

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ESQUINA DE LA MEMORIA

Nuestros barrios, según Jorge Luis Borges

Villa Ortúzar y Villa Urquiza marcaron profundamente al más importante escritor nacido en la Argentina. De alguna manera, estos barrios eran para él la representación de los suburbios que siempre estuvieron presentes en su pensamiento y en su obra. Sus visitas eran frecuentes y quedaron reflejadas en varios de sus poemas.

Por Eduardo Criscuolo
esquina@periodicoelbarrio.com.ar

El 14 de junio se cumplen 23 años del fallecimiento de una de las más representativas figuras de la literatura argentina: Jorge Luis Borges. Su vasta producción literaria ha sido reconocida universalmente.

Nació en Buenos Aires, en la calle Tucumán 840, el 24 de agosto de 1899, hijo de Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo. El hogar pertenecía a los padres de Leonor. Fue bautizado con los nombres de su padre y de cada uno de sus abuelos. En definitiva, cuando se lo anotó en el Registro Civil figuró como Jorge Francisco Isidoro y al ser bautizado en la Parroquia San Nicolás de Bari -el 20 de junio de 1900- se le agregó el nombre Luis. Los Borges y los Acevedo provenían de los primeros europeos que llegaron a América y en el desarrollo de las guerras de la independencia varios de sus antecesores habían intervenido en distintas batallas.

Pero en este artículo nosotros queremos hablar del Borges que, curiosamente, tuvo una profunda relación con nuestra Villa Urquiza y barrios aledaños. Para el escritor, eran la viva representación de los suburbios que siempre estuvieron presentes en su pensamiento y en su obra. Borges tenía una especial predilección por todo aquello que se relacionara con las orillas de la ciudad y los cuchilleros. En esos años iniciales de su vida literaria (década del 20) las zonas del noroeste porteño, si bien iban avanzando en su progreso como barrios, presentaban grandes extensiones de chacras y quintas. Algunas de ellas eran refugios veraniegos de las familias pudientes de la ciudad, otras suministraban productos de mantenimiento para la población en general.

Fervor de Villa Urquiza

Esa especie suburbana atraía el profundo interés de Borges, que ya comenzaba a frecuentar la casa de Berta Erfjord de Lange en Tronador al 1700. Allí vivía con sus cinco hijas, caracterizadas por sus rubios cabellos y piel muy blanca, es decir de rasgos nórdicos, nacidas en la Argentina y ante quienes las damas mojigatas fruncían la nariz por sus actitudes liberales. La madre de Borges, doña Leonor, no era muy proclive a que Jorge y Norah (su hermana) mantuvieran relación con las Lange. Una de ellas, también llamada Norah, sería uno de los tantos amores imposibles para Borges.

Cercana a la residencia de los Lange se había mudado su hermana, Norah, muy recordada por su excelente pintura y ella comentaba que Jorge, su hermano, le había dicho que “Buenos Aires era una ciudad muy larga y muy chata” descripción que lo llevó a escribir su libro de poemas Fervor de Buenos Aires (1923). Allí, el joven Borges llegó a conocer a varias amigas de las hermanas Lange, compañeras de estudios: las hermanas Soraggi y las Guerrero, Celia y Concepción, esta última la mejor amiga de Norah. El padre de Concepción era maestro de escuela primaria y con su familia vivía en la calle Pampa, en uno de los típicos edificios de las orillas de Buenos Aires, bastante cercano a la villa de la familia Lange en Tronador y Pampa. Borges solía recorrer los alrededores de la zona y en especial lo atraía la calle Plaza, entonces de tierra y zanjones, para él casi un reflejo vital del suburbio.

Su relación con Concepción Guerrero lo había conmovido profundamente y había llegado a considerar la posibilidad de contraer matrimonio con ella, pero con expresiones muy cautelosas, manteniendo en silencio esa relación que no conocía su familia, cuidando la mala disposición que podría causar especialmente a su madre. Claro, esta situación lo sumía en una falta de calidez que influía en su espíritu y sólo logró superar regresando a las calles de Buenos Aires, pero no las del centro de la ciudad sino en aquellas de los aledaños. Tanta era la atracción que sentía por Concepción Guerrero y el sentimiento por las calles suburbanas que escribió el poema Villa Urquiza, donde expone que la calle Pampa -donde vivía su amada- era “larga como un beso” y que “arraigó una tradición de amor en el alma”.

Barrios de novela

Cabe hacer presente que para los escritores de la época de la que hablamos la entonces Villa Mazzini, Villa Ortúzar, Saavedra y Villa Urquiza ejercían curiosas sensaciones en sus pensamientos. Los personajes de La ciudad de un hombre, de Leónidas Barletta, se desenvuelven dentro de estos barrios. Adolfo Bioy Casares desarrolló gran parte de su libro El sueño de los héroes en el barrio de Saavedra y otra novela, Dormir al sol, en Parque Chas. Leopoldo Marechal, que en su genial Adán Buenosayres hizo transitar la acción de sus personajes también en Saavedra y en su parque oval, le da a esta zona de Buenos Aires un significado especial, carismático.

En ese entonces Borges guardaba la idea de una integración con la Argentina y sobre todo con Buenos Aires y sus suburbios. Alrededor de 1923 escribió un poema al jardín de la casa de los Lange, en la calle Tronador, lugar del encuentro con su correspondido amor, Concepción Guerrero, a quien pocos días antes de viajar a Europa le obsequió un ejemplar firmado de Fervor de Buenos Aires. Resulta indudable que la figura dominante en la poesía de Borges en ese entonces era el ocaso. Los barrios del noroeste de Buenos Aires -Villa Ortúzar, la entonces Villa Mazzini, Villa Urquiza- guardan en sus trazados extensas avenidas que se pierden en el horizonte interminable de la pampa. En la época en que Borges transitaba por esas calles, el sol que se iba en el ocaso debió haberle causado un enorme y memorable paisaje. Ese importante detalle de la puesta del sol en el arrabal quedó para siempre en la imagen borgiana como retazos de un Buenos Aires más antiguo.

Ya El Barrio publicó en estas páginas su primer poema a Villa Urquiza, incluido en Fervor de Buenos Aires (1923), como así también el otro poema al barrio publicado en la revista Alfar (1926), en el que su terceto final tiene un escondido recuerdo: “Urgencia de ternura, esperanza vehemente, / Carne en pos de la carne con silencio cobarde: / Burdo secreto a voces que unifica la tarde”. Borges fue asiduo visitante de nuestros barrios y dejó su impronta en muchas de sus páginas: “Fui hace unos días a Saavedra, allá por el cinco mil de Cabildo, y vi las primeras chacritas y unos ombúes y otra vez redonda la tierra y me pareció grandísimo el campo”. También habla de “mucho cielo en Villa Ortúzar” y “querencia de ponientes en Villa Urquiza” (La pampa y el suburbio son dioses, en El tamaño de mi esperanza (1926), Seix Barral, Buenos Aires, 1994).

En su libro Evaristo Carriego (Manuel Gleizer, 1930) se refiere también al barrio de Villa Urquiza con estas palabras: “Yo no he sentido el liviano tiempo en Granada, a la sombra de torres cientos de veces más antiguas que las higueras, y sí en Pampa y Triunvirato; insípido lugar de tejas anglizantes ahora, de hornos humosos de ladrillos hace tres años, de potreros caóticos hace cinco”. En el barrio que fue Villa Mazzini transcurre la acción del cuento Las doce figuras del mundo, el primero de los Seis problemas para don Isidro Parodi escritos por Borges en colaboración con Adolfo Bioy Casares (1942) bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq.

Queremos que este breve recorrido del autor más renombrado de la literatura argentina sea además un justo homenaje en el “Día del Escritor”, que se celebra el 13 de junio. La fecha conmemora la muerte del singular poeta nacional Leopoldo Lugones, que se suicidó en una habitación del Recreo “El Tropezón” en el Delta del Paraná. Al mismo tiempo pretendemos destacar la impronta espiritual que nuestros barrios dejaron en el alma de Jorge Luis Borges, el escritor argentino por antonomasia.

Bibliografía

Borges, Jorge L. Textos recobrados 1919-1929. Buenos Aires, Emecé, 1997, 462 p.

Williamson, Edwin. Borges. Una vida. Buenos Aires. Seix Barral, 2004, 638 p.

Zito, Carlos Alberto. El Buenos Aires de Borges. Buenos Aires, Aguilar, 1999, 258 p.



Fuente: Periódico El Barrio.





 


 








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